
Soy venezolana, de raíces italianas profundamente arraigadas, y de un amor eterno por Venezuela, simplemente por haber sabido acoger y aceptar unas raíces que no nacieron allí.
Mis letras despertaron en la adolescencia, entre la intensidad de sobrevivir a esa etapa y los amores no correspondidos, algunos, y otros demasiado idealizados. La
Soy venezolana, de raíces italianas profundamente arraigadas, y de un amor eterno por Venezuela, simplemente por haber sabido acoger y aceptar unas raíces que no nacieron allí.
Mis letras despertaron en la adolescencia, entre la intensidad de sobrevivir a esa etapa y los amores no correspondidos, algunos, y otros demasiado idealizados. La poesía fue mi escape, mi consuelo y, muchas veces, mi manera más valiente de decir te amo.

Con el paso del tiempo, la adolescente, los amores y los dramas quedaron atrás, y nació la escritura como terapia para sanar. Para sanar heridas, años de dolor que hoy no hacen falta nombrar, miedos e inseguridades… pero también para contar las historias que se esconden detrás de cada carta, de cada declaración, de cada línea escrita con
Con el paso del tiempo, la adolescente, los amores y los dramas quedaron atrás, y nació la escritura como terapia para sanar. Para sanar heridas, años de dolor que hoy no hacen falta nombrar, miedos e inseguridades… pero también para contar las historias que se esconden detrás de cada carta, de cada declaración, de cada línea escrita con el alma.
Y dentro del dolor, siempre permanecieron las palabras dulces que no supe enterrar. Porque aunque el sufrimiento existía, mi escritura nunca dejó de estar unida a la poesía, al amor y, sobre todo, a la resiliencia.

Hoy soy una italo-venezolana que llegó a Chile para quedarse, porque así como Venezuela abrió sus puertas a mis ancestros, Chile las abrió para mí y para mi descendencia.
Con Pablo Neruda llegó mi primer poema, mi primera inspiración. Y con Gabriela Mistral, porque ahora que comienzo a conocerla, comprendo que mi conexión con ella nace de
Hoy soy una italo-venezolana que llegó a Chile para quedarse, porque así como Venezuela abrió sus puertas a mis ancestros, Chile las abrió para mí y para mi descendencia.
Con Pablo Neruda llegó mi primer poema, mi primera inspiración. Y con Gabriela Mistral, porque ahora que comienzo a conocerla, comprendo que mi conexión con ella nace de lo vivido, de lo sufrido y de lo más amado.
Ambos inspiran mi amor por las letras, por la sanación y por esa imaginación que alimenta gran parte de mis historias.
Entre mis novelas de fantasía favoritas está, por supuesto, Harry Potter. Amo casi todas las historias sobrenaturales con toques de misterio y, como no podía faltar, con una dosis de romance que haga latir el corazón.
Amo las novelas históricas; me fascina cómo los autores entrelazan la historia con la ficción y, sobre todo, cómo entretejen las vidas y los destinos de sus personajes. Carlos Ruiz Zafón, Pamela Sánchez-Garnica, Kate Quinn y Dan Brown, entre otros, forman parte de mis lecturas favoritas y de mis grandes referentes.
Si hablamos de romance y de ese toque picante que enciende las historias, no pueden faltar Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, y las novelas de Megan Maxwell, dos de mis grandes favoritas en este género.
En las plataformas donde publico mis historias también encuentro referentes que narran romances intensos, con pinceladas de sensualidad y, a veces, un delicado toque de misterio que siempre me atrapa.

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